Biblioteca Enrique Gil y Carrasco

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El caballero del lago: bicentenario de Enrique Gil y Carrasco

La importancia de la novela corta El lago de Carucedo radica en ser una anticipación de El señor de Bembibre, ya que es en palabras de Michael Iarocci un “laboratorio de ensayo”.

por Jesús Blanco Blanco, profesor de Lengua y Literatura (y berciano en Madrid)

 

Enrique Gil y Carrasco (Villafranca del Bierzo, León, 1815-Berlín, 1846) debe su fama a las poesías líricas, alabadas por José de Espronceda, en las que combina dulzura y melancolía, y a la novela El señor de Bembibre, la mejor narración histórica de la literatura española del Romanticismo. Si en el siglo XIX el máximo valedor de Gil y Carrasco fue Espronceda, ahora lo es el escritor y periodista berciano Valentín Carrera que ha coordinado el Congreso Internacional “Enrique Gil y Carrasco y el Romanticismo” y la publicación de las Obras completas. En este sucinto artículo vamos a homenajear al creador del poema La violeta, incluido por Menéndez Pelayo entre Las mil mejores poesías de la lengua castellana, hablando de su estancia en Madrid y del arte del paisaje en su narrativa.

Gil y Carrasco llega a Madrid en 1836 y se hospeda en una posada de la calle de Segovia con la intención de continuar la carrera de Leyes en la Universidad Central. Esta vía tiene un cierto carácter romántico, en ella nació el escritor Mariano José de Larra. Conoce a Espronceda, que se convertirá en su padrino literario en la Villa y Corte; su amistad y protección le servirán para entrar en los círculos literarios como El Parnasillo, situado en el antiguo Teatro del Príncipe. A los cinco meses de la estancia en Madrid asiste al multitudinario entierro de Larra, que se había suicidado en la calle de Santa Clara. En el sepelio se da a conocer el joven poeta José Zorrilla con la lectura de un poema que conmovió a los asistentes. En marzo de 1837 Gil y Carrasco se inscribe como socio del Liceo de Madrid, que le permite conocer más a fondo los ambientes literarios de la capital. En diciembre Espronceda lee en el Liceo la poesía de Gil y Carrasco Una gota de rocío, dedicada posiblemente a la muerte de Juana Baylina, un amor de juventud. La lectura de este poema es el definitivo espaldarazo a su carrera literaria. A partir de ahora Gil y Carrasco verá publicados en revistas y semanarios algunos artículos, la novela corta El lago de Carucedo y varias poesías, algunas de las cuales han sido equiparadas con las de Bécquer. Los años siguientes serán muy prolíficos en la escritura del rapsoda leonés, aunque un ataque de hemoptisis en 1839 hace que regrese al Bierzo, su tierra natal. En noviembre de 1840 con el apoyo de Espronceda obtiene el cargo de ayudante segundo en la Biblioteca Nacional; este trabajo le permite vivir mejor, abandonar los problemas económicos y escribir sin apremio. El 23 de mayo de 1842 será un día funesto para nuestro poeta porque muere Espronceda. El funeral tendrá lugar en la iglesia de San Sebastián, uno de los templos más literarios de Madrid: en ella se casaron los escritores románticos Bécquer, Larra y Zorrilla. Durante el acto Gil y Carrasco lee un poema dedicado a Espronceda donde le invita a gozar de la “gloria inmaculada” de los grandes escritores. De nuevo se ve obligado a volver al Bierzo al recaer en su enfermedad. El descanso le permite dedicarse solo a la escritura de El señor de Bembibre, que será publicado por entregas en 1843 en el periódico El Sol. En septiembre de 1844 ocupa el cargo de secretario de la embajada española en Alemania. Muere en Berlín el 22 de febrero de 1846 a una edad muy temprana, como la mayoría de los románticos.

Azorín destaca la importancia del paisaje en El señor de Bembibre: “En las páginas de este libro nace, por primera vez en España, el paisaje en el arte literario”. Uno de los principales valores de esta obra es la descripción del paisaje. Gil y Carrasco recibe la influencia de las novelas y del poema épico La dama del lago de Walter Scott. Aunque el paisaje del bardo de la niebla no sea tan hermoso como el descrito por el autor de Ivanhoe, ni el lago de Carucedo, barrera artificial de las excavaciones de los romanos en Las Médulas, se pueda comparar en belleza con los lagos escoceses (Katrine, el más romántico; Lomond, el rey de los lagos; Ness, el más conocido), tiene también interés por las descripciones, el amor a la tierra, la observación detallista y un cierto halo de misterio. La importancia de la novela corta El lago de Carucedo radica en ser una anticipación de El señor de Bembibre, ya que es en palabras de Michael Iarocci un “laboratorio de ensayo”. Beatriz, la heroína del El señor de Bembibre, pasea por las orillas del lago de Carucedo la tristeza de su amor por Don Álvaro, el caballero del lago, a quien espera que un día venga a rescatarla y así evitar que la casen con el conde de Lemus. Pero su final es otro. María, la dama del lago de Carucedo, y Beatriz contemplan la hermosura de sus aguas cristalinas. Las dos quedan extasiadas ante la belleza de este lugar que esconde tantos secretos; aguardan el eterno descanso de sus amores.

 

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