Biblioteca Enrique Gil y Carrasco

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El último romántico, por Miguel Varela

No lo va a hacer ninguna prestigiosa organización cultural. Ni una editorial institucional, departamento universitario o centro de investigación. No lo promoverá ninguna pedanía, ni ayuntamiento, ni organismo comarcal, provincial o regional. Será un proyecto estrictamente privado, impulsado por la pasión de un ciudadano que se crió a la sombra proteica del Castillo de los Templarios.

Valentín Carrera, escritor, periodista, viajero y editor, ha emprendido en solitario la gigantesca tarea que lleva décadas pendiente: una nueva edición de las obras completas de Enrique Gil y Carrasco que recogerá en diez volúmenes toda la obra conocida del novelista berciano y que culminará en 2015, cuando se cumpla el II Centenario de su nacimiento.

Gil y Carrasco murió en Berlín, con apenas treinta años, en 1846. Había llegado a Madrid diez años antes como un joven estudiante de leyes con alma de poeta. En esa década se implicó intensamente en la vida literaria madrileña y dejó una obra considerable que abarca narrativa, poesía, crítica literaria y dramática, artículos de viajes y costumbres y un interesante dietario de su último viaje por Europa, cumpliendo una importante encomienda diplomática. Su temprano fallecimiento interrumpió bruscamente un impulso creativo que estaba en fase creciente y que, probablemente, hubiera multiplicado en cantidad y calidad su producción.

Salvo su novela El Señor de Bembibre, el resto de su trabajo es poco conocido, incluso dentro de las fronteras comarcales o provinciales. En los cincuenta se publicó su obra completa, en una edición plagada de erratas de la BAE. Desde los años ochenta del pasado siglo se han planteando varios intentos frustrados de fijar en una nueva edición la totalidad de su legado literario.

A esa tarea se ha lanzando ahora Valentín Carrera, sin demasiada preocupación por mirar si hay agua dentro de nuestra mínima piscina cultural. Las ruinas de la fortaleza ponferradina lo llevaron en su día a Gil, a un mundo mítico de caballeros y aventuras tamizado por la mirada romántica de un poeta que se acercó a su tierra natal como nadie antes lo había hecho. Y ese carácter fundacional de su mirada debe ser ahora recuperado.

Los reponedores de los cánones literarios colocaron a Gil en el estante que más a mano tenían. Ahora hay que sacarlo de ese lugar tópico y vincularlo a valores alejados de los que el tradicionalismo santurrón lo ha colocado. Esa es la complicada tarea que Valentín Carrera emprendió en solitario, mientras el segundo centenario se acerca y nadie ha movido un dedo para convertir esa coincidencia cronológica en una oportunidad para esta deprimida comarca. Nadie salvo Valentín: el último romántico.

Miguel Varela, Fronterizos, Diario de León, 18 de abril de 2014.

Imagen: Joseph Denis Odevaere, Lord Byron on His Deathbed, 1826. The París Review

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