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Los nuevos templarios, por César GAVELA

Los nuevos templarios ya no están vinculados a la protección de los peregrinos a Compostela ni es su vida un remedo de aquellos hombres rudos y tremendos que habitaron Ponferrada y Cornatel en el bajo medievo. No son monjes soldados, sino civiles cordiales y animosos, que además de vivir los dones de la amistad y la solidaridad, arraigan esa convivencia enriquecedora en algo tan histórico y potente como el pasado de la comarca en la que viven, trabajan, luchan y sueñan.

Hace días, en Rimor, estuve con unos cuantos templarios. Y templarias. Un grupo de caballeros y damas vestidos con sus túnicas blancas y sus cruces rojas, mientras sonaba un cuerno que tocaba un templario llamado Guntrodo de la Edrada. Hablando después con ellos, supe que los templarios bercianos, aparte de su nombre civil tienen otro, de resonancias muy antiguas, elegido por ellos pero también vinculado a su lugar de residencia o de nacimiento.

Todo eso me pareció bastante prodigioso y cuando estaba en medio de esa sorpresa, el cacabelense Guntrodo hizo sonar de nuevo su cuerno. Que dejó un poso de hermandad y melancolía en la tarde que ya empezaba a correr, después de haber almorzado todos en Rimor. Donde Valentín Carrera dispuso el cierre del congreso internacional por él organizado, sobre el gran escritor berciano que fue y es Enrique Gil y Carrasco. Los templarios, naturalmente, no podían faltar en un momento así.

Hasta esa tarde yo desconocía bastante de ese movimiento histórico y festivo que desde hace ya bastantes años se ha ido incorporando a la vida social del Bierzo. Donde diversas formaciones inspiradas en la orden del Temple organizan actos en castillos o monasterios, en noches de sentimiento, espadas y antorchas. De reconstrucción simbólica de un pasado muy remoto.

Los templarios desaparecieron hace muchos siglos; y lo que ahora se vive como tal, aunque con parecida indumentaria, es otra cosa, que es la que importa. Los templarios actuales tienen una nueva misión y es la de vertebrar a los bercianos que quieran incorporarse a sus experiencias. Los nuevos templarios ya no están vinculados a la protección de los peregrinos a Compostela ni es su vida un remedo de aquellos hombres rudos y tremendos que habitaron Ponferrada y Cornatel en el bajo medievo. No son monjes soldados, sino civiles cordiales y animosos, que además de vivir los dones de la amistad y la solidaridad, arraigan esa convivencia enriquecedora en algo tan histórico y potente como el pasado de la comarca en la que viven, trabajan, luchan y sueñan.

Sí, he descubierto la verdadera razón de ser de los templarios actuales: la memoria y la armonía. El respeto al origen geográfico e histórico y el legítimo derecho a disfrutar de la vida. Al fondo, inesperadamente, un viejo orgullo me recorre: el de haber sido el malvado conde de Lemos en la primera representación que de la obra El Señor de Bembibre se hizo en el castillo de Ponferrada en las fiestas de la Encina de 1972. Allí, delante de tres mil bercianos —inusitado éxito que nos hizo felices a los entonces muy jóvenes miembros del grupo de teatro Conde Gatón— sentí una emoción extraña y auténtica. El otro día, con Guntrodo y sus colegas, regresé a aquel momento iniciático. Y el cuerno de la abundancia, o el del misterio, vuelve a sonar ahora.

Diario de León, La Gaveta, 16 de agosto de 2015

GALERÍA: 7 - FIESTA DESPEDIDA EN RIMOR CON TEMPLARIOS Y PAELLA

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