Biblioteca Enrique Gil y Carrasco

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Los orígenes familiares de Enrique Gil

EL INTERESANTE DEBATE DE TITO Y JOTA, por Miguel Varela

Los bercianos nunca agradeceremos lo suficiente a gente como Tito Fernández, Miguel Jota García, Toño Balboa o Nacho González, la ingente labor de investigación sobre la comarca que con paciencia, constancia y conocimiento han ido desarrollado en un corpus bibliográfico impagable.

Los dos primeros protagonizaron el martes un debate de alto voltaje intelectual en las interesantes jornadas organizadas por el IEB sobre historia y patrimonio que han pecado, si acaso, de ambición temática y escasez cronométrica.

Jota tiene el siglo XIX berciano en la cabeza. Es capaz de dibujar con detalle la genealogía de ese complejo periodo en el que el país intentaba instalarse, con dificultades y profundas resistencias, a favor de la corriente de la historia.

Tito maneja con maestría toneladas de documentación que le permiten abordar con autoridad personajes y situaciones de épocas muy diferentes. En el debate presentó contundentes datos biográficos sobre Juan Gil, padre del autor de El Señor de Bembibre, que cuestionan discursos comúnmente aceptados y ofrecen nuevas lecturas sobre la compleja relación entre Enrique y su progenitor.

Juan Gil era un ultraconservador, ambicioso y emprendedor, mal aceptado por la «buena» sociedad de Ponferrada, que tuvo sin embargo entre sus amistades más cercanas a una de las familias más eminentemente liberales del momento como fueron los Bailina.

Muere en 1837, arruinado como consecuencia de un proceso por fraude en el suministro de la sal. El Antiguo Régimen del que se había servido se derrumbaba, la nueva burguesía reclamaba su lugar bajo el sol de los nuevos tiempos y a través de su hijo Eugenio el apellido se perpetuaría en una rama de ilustres reaccionarios.

Enrique ha cumplido con la obligación freudiana de matar al padre y no asiste al entierro. Pero cuando escribe sobre sí mismo en Anochecer en San Antonio de la Florida, la figura paterna es idealizada en un giro que sólo desde la psicología y el melancólico carácter del escritor podría entenderse.

Tito y Jota ofrecieron el martes jugosas aportaciones sobre las relaciones entre padre e hijo, la ubicación ideológica del poeta, el funcionamiento social de la época, las relaciones de poder en aquel poblachón agrícola y vinatero que era la Ponferrada del momento: unos de esos instantes de la historia que tan bien describió Gramsci, en los que lo nuevo no termina de nacer y lo viejo no acaba de morir.

Por los rincones de Ciudad del Puente se estaba escribiendo otro capítulo del más tortuoso y accidentando proceso pre-electoral que recordarse pueda. Sus protagonistas no asistieron al debate. Una pena: el tiempo del que se habló es muy parecido al suyo.

Ver en Diario de León.

 

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