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UN ENRIQUE GIL MÁS BERCIANO, por Héctor Silveiro

UN ENRIQUE GIL MÁS BERCIANO  O DEL FALSO DESAPEGO  DE GIL  HACIA  SU VILLA NATAL.

A propósito del reciente Congreso sobre Gil, el profesor villafranquino Héctor M. Silveiro, que presentó un valioso y amplio trabajo sobre la relación del poeta romántico con su Villafranca natal, resume en este artículo parte de sus investigaciones, fruto de las cuales se nos ofrece un Enrique Gil estechamnente vinculado a Villafranca.

 

Acaba de concluir el Congreso Internacional Enrique Gil y Carrasco y el Romanticismo  y es momento de las primeras valoraciones. El Congreso se celebró en el Bierzo con sedes itinerantes con muy buen criterio: Vega de Espinareda, Villafranca, Bembibre, Ponferrada y Medulas. Para el conjunto de nuestra comarca, también para las más de 20 Universidades participantes se acaba de poner de descubierto, desde un primer momento,  un perfil más berciano del autor ante los ojos del mundo, una óptica que creemos primará en los estudios del XXI dejando atrás parciales y estrechas miras que aún colean, derivadas de las lagunas existentes sobre su biografía y opiniones que, como es lógico, aún se asomaron en el propio Congreso  como cuando César Gavela, al presentar  una de las sesiones en Ponferrada, dijo: “A pesar de que Gil y Carrasco era natural era de Villafranca, ya se sabe que Gil es más ponferradino que vilafranquino”. Es por eso por lo que se hace preciso puntualizar e insistir para poder superar esa visión reduccionista por la que el Congreso apostaba.

El primero en hablar del desapego de la mala querencia cara Villafranca dando pie a este tipo de afirmaciones es el más prestigioso y loable biógrafo de Gil, J.L. Picoche, opinión de la que se hicieron eco  luego autores villafranquinos como Ramón Carnicer atendiendo a que en El Señor de Bembibre no se cita más que de soslayo a Villafranca. Cosa que si bien es cierta e indiscutible, al tratarse de una novela todo el mundo tendría que saber que se debe al propio interés en mantener una ficción literaria, algo que no tiene por qué responder con la realidad o el pensamiento del autor. En esta trama “el malo” resulta ser el Conde de Lemos. Gil conocía al Conde de Lemos histórico, al verdadero, no el de su trama,  cuyo principal aposento en el Bierzo precisamente lo tenía en Villafranca. No olvidemos que D. Pedro Osorio y Doña Beatriz de Castro, (los nombres, no los apellidos, son los que Gil utiliza claramente como protagonistas en su novela) quisieron y fueron enterrados en la iglesia de San Francisco de Villafranca donde, paradoja y casualidad, hoy también reposan los huesos del poeta. Pues bien, entre otras razones, podemos argumentar perfectamente que Enrique no quiso que en su novela  se relacionase al malvado Conde con el Bierzo y menos con su villa, en la que naciera un 15 de julio del 1815. Es por eso que en la novela lo hace residir en Monforte, evitando citar a Villafranca para no crear más confusión entre ficción novelesca y realidad histórica. En El Señor de Bembibre, divergen ampliamente yendo una y otra por caminos nítidamente distintos.

Tanto el esforzado y loable estudio de Picoche, como el posterior de Ramón Carnicer están disculpados porque desconocían un dato substancial que se desveló precisamente en el Congreso como es el de que cuando Gil estaba concluyendo El Señor de Bembibre acababa de adquirir un compromiso muy especial y altamente significativo con su villa natal. Se trata de un documento que analizado pormenorizadamente hace añicos cualquier posibilidad de desapego hacia la villa del Burbia. Gil era socio de la Sociedad de Teatro de Villafranca en enero de 1843, un momento en el que los villafranquinos y bercianos reivindicaban una Provincia, acompaña en la lista de socios a personajes como su amigo de la infancia Joaquín del Pino,  del que también en este Congreso pudimos saber la complicidad y el cúmulo de vivencias que comparten, convirtiéndose en algo más que anecdótica su relación, de hecho Gumersindo Laverde, después de la muerte de Enrique, llama a Joaquín hermano político de Gil. Recordemos que Joaquín del Pino fue promotor y editor principal de la obra de Enrique en el siglo XIX y que sus restos también descansan para siempre en la villa del Burbia y el Valcarce.

Volviendo al tema de la aparición de Villafranca en la obra de Gil, además de que tanto Gullón en su Cisne sin lago, como el villafranquino J.C. Mestre  o más recientemente,  J.L  Suárez Roca, defienden que Villafranca forma parte de esa infancia perdida en el paraíso berciano que inspira al poeta, en el Bosquejo aparece tanto o más que otros lugares del Bierzo. No vamos a establecer juicios de valor por cantidad de líneas escritas por nuestro autor, pero sí por sus posicionamientos y compromisos constatables. El carácter de impulsores intelectuales del “provincialismo berciano” está claro en los miembros de la Sociedad de Teatro de Villafranca en la que Enrique Gil aparece como socio destacado inmediatamente antes del otro cantor berciano, quien  permanece tantas veces oculto tras la sombra de la figura de Gil. Estamos hablando de Antonio Fernández Morales autor de versos reivindicativos como estos referidos a Villafranca:

Cual tesoro q' a codicia

de dous avaros escolta

 con xusticia, ou sin xusticia,

tira por ela Galicia,

máis Castilla non a solta.

 

Efectivamente, como nos indicaba Pamela Phillips en una de las sesiones del Congreso en su ponencia sobre La estética del silencio en el Bosquejo a una provincia del interior,  Gil nos lleva a pensar en el silencio que el Bierzo sufría y como Gil irrumpe en la prensa de la Corte con la idea de denunciar ese abandono, con la intención de dignificar su tierra que adquiere así  una connotación política. La dignificación de la tierra en clave de identidad es una clave muy romántica con la que Gil se convierte en precursor del provicialismo político que se extiende por España y Europa, teniendo en el Bierzo una importancia considerable. Luego, no resulta tan anecdótico y para nada es retórico el pronunciamiento político de Enrique, ni la aparición en la lista de teatro de Villafranca. Ambas forman parte de ese Gil más berciano que estamos descubriendo, el que se dio a conocer en el Congreso gracias al amigo villafranquino de Enrique, el siguiente en esa lista de socios. Hacer emerger un Gil más berciano es hacer posible un Gil más universal, la originalidad de las personas está íntimamente relacionada con su capacidad para sentirse orgullosas de su identidad y podemos asegurar que Enrique procuró la dignidad de su tierra.

No quisiéramos rematar estas palabras sin un agradecimiento sincero a Valentín Carrera por hacer posible este evento y abrir las posibilidades de visualizar y difundir una nueva mirada sobre Gil dándonos oportunidad de hacer públicas evidencias, novedades transcendentes para redimensionar  y actualizar la vida y la obra del Enrique Gil del siglo XXI.

 

[Héctor M. Silveiro Fernández, licenciado en Filología Clásica por la Universidad compostelana,
profesor de secundaria, fundador de la Escola de Gaitas de Villafranca del Bierzo, su villa natal,
con la que edita varios trabajos de carácter etnográfico y también estudios sobre la lengua gallega
en la comarca berciana como coordinador de la Comisión Cultural Martín Sarmiento
y miembro correspondiente de la Real Academia Galega por el Bierzo].

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